De acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la tasa de actividad se ubicó en el 48,6%, mientras que la tasa de empleo alcanzó el 44,8%. Esto significa que, sobre una población estimada en 30,1 millones de personas relevadas, unas 14,6 millones integran la población económicamente activa y 13,5 millones tienen al menos una ocupación.
El informe oficial señala que 1,1 millones de personas se encuentran desocupadas. Se trata de trabajadores y trabajadoras que no tienen empleo, están disponibles para trabajar y buscan trabajo de manera activa. La cifra refleja las dificultades que persisten para acceder a un puesto laboral en distintos sectores de la economía.
Entre quienes tienen empleo, el 71,8% son asalariados, lo que equivale a 9,7 millones de personas. Sin embargo, dentro de ese universo, el 37,9% no cuenta con descuento jubilatorio, una situación que evidencia la persistencia de elevados niveles de precarización laboral. En términos absolutos, más de 3,6 millones de asalariados trabajan sin aportes a la seguridad social.
La informalidad continúa siendo uno de los principales problemas del mercado de trabajo argentino. Según el INDEC, apenas el 55,7% de los ocupados se desempeña en condiciones formales, mientras que el 44,2% lo hace en la informalidad. Esto implica que cerca de seis millones de trabajadores carecen de cobertura previsional, derechos laborales plenos y acceso a otros beneficios vinculados al empleo registrado.
El relevamiento también muestra una fuerte heterogeneidad en la calidad del empleo. Del total de ocupados, el 12,1% se encuentra subocupado y busca trabajar más horas, mientras que el 26,6% está sobreocupado. En tanto, el 53,3% tiene una ocupación plena. Además, el 8,1% de los trabajadores no registró actividad durante la semana relevada.
Los datos se conocen pocos días después de que distintos informes privados alertaran sobre el deterioro del mercado laboral. Estudios recientes del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y de organismos especializados señalaron que desde el inicio de la gestión de Javier Milei se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo registrados entre el sector privado, el empleo público y los trabajadores independientes. En ese contexto, el aumento de la desocupación y la persistencia de altos niveles de informalidad consolidan un escenario de creciente preocupación para millones de trabajadores argentinos.

