Federico Sturzenegger desreguló actividades portuarias, avanzó sobre el practicaje, impulsó cambios en la marina mercante y convirtió la eliminación de privilegios en una bandera del Gobierno.
El periodista Beto Valdez de FM Millenium, la 2×4 y Rivadavia, afirmó que el Ministro de desregulación, hasta ahora no hizo una sola referencia pública al monopolio de hecho de Buquebus en la ruta directa Buenos Aires–Montevideo.
El gobierno uruguayo autorizó a Colonia Express a competir en ese trayecto, explotado desde hace más de tres décadas exclusivamente por la empresa de Juan Carlos López Mena. Pero el permiso quedó reducido a un papel: en el puerto de Montevideo existe un único pontón habilitado para embarcar vehículos, pertenece a Buquebus y la compañía se niega a compartirlo.
Buquebus recurrió además la autorización y sostiene que el ingreso de Colonia Express constituiría una “competencia desleal”, amenazaría la viabilidad del negocio y podría provocar “un caos” en el puerto.
La empresa que domina el mercado cuestiona así la llegada de un competidor porque podría quitarle pasajeros.
Es cierto que Sturzenegger no puede ordenar desde la Argentina que se comparta una infraestructura ubicada en Uruguay. Pero el Gobierno argentino tampoco es un espectador: administra el puerto de Buenos Aires, mantiene una concesión estratégica con el Grupo Buquebus y participa de una relación bilateral que regula el transporte fluvial entre ambos países.
Colonia Express tiene terminal y lugar de atraque propio en Buenos Aires. La barrera está del otro lado del río. Pero un gobierno que promete remover obstáculos a la competencia podría plantear el caso ante Uruguay, impulsar una revisión bilateral y pedir la intervención de las autoridades de defensa de la competencia.
Por ahora, la motosierra que llegó a tantos sectores no tocó el negocio de López Mena. En el Río de la Plata, la desregulación parece detenerse justo donde comienza el pontón de Buquebus.

