Mientras crece la preocupación por el futuro de la planta, los empleados y exempleados reclaman el pago de las sumas adeudadas, el reconocimiento de sus derechos laborales y una solución que les permita recuperar la estabilidad económica. El conflicto mantiene en vilo a decenas de familias que, después de años de trabajo en una marca tradicional, hoy enfrentan un escenario de incertidumbre y vulnerabilidad.
La histórica fábrica de caramelos Lipo, ubicada en Lanús, atraviesa un profundo conflicto laboral. Un total de 25 empleados fueron despedidos por la nueva conducción de la empresa, encabezada por el inversor Telmo Contrera, mientras que los trabajadores denuncian atrasos salariales, falta de indemnizaciones y un deterioro general de sus condiciones laborales.
Los exempleados cuestionan que las desvinculaciones se hayan realizado bajo la figura de despidos con causa, ya que sostienen que los motivos esgrimidos por la empresa serían falsos y tendrían como objetivo evitar el pago de las indemnizaciones correspondientes.
Mientras tanto, varios de los afectados permanecen en las inmediaciones de la planta para visibilizar su reclamo y exigir respuestas.
Entre los casos más conmovedores se encuentra el de Esteban Martínez, quien trabajó durante 23 años en la fábrica y fue despedido junto a su esposa, que llevaba 25 años de antigüedad. Ambos quedaron sin trabajo y sin cobertura médica, una situación especialmente preocupante para su familia, ya que sus hijos gemelos tienen autismo y necesitan realizar distintas terapias. «La verdad que nos arruinaron», expresó el trabajador al describir el impacto que tuvo la decisión empresarial.
Otra exempleada, Valeria, denunció que la compañía utilizó argumentos injustificados para despedirla. Según relató, la acusaron de trabajar sin interés, pese a que habitualmente llegaba a las 4:30 de la mañana para abrir las puertas del establecimiento. Su situación personal también es delicada: atraviesa el duelo por la muerte de su esposo y debe afrontar las dificultades vinculadas al tratamiento psiquiátrico de su hija.
Por su parte, Cristian, de 53 años, manifestó su indignación por la falta de respuestas y de pagos tras su desvinculación. El trabajador responsabilizó a la nueva conducción por la situación que atraviesan quienes quedaron sin empleo y cuestionó la forma en que se llevaron adelante los despidos.
La crisis también afecta a quienes continúan trabajando en la planta. Los operarios aseguran que reciben sus salarios en cuotas, que no perciben los aumentos acordados en paritarias y que sufren descuentos frecuentes. A este panorama se sumó la interrupción de la producción durante esta semana debido a la falta de azúcar, un insumo fundamental para la elaboración de los productos.
Los trabajadores también pusieron en duda que las dificultades económicas de la empresa justifiquen las medidas adoptadas. Según señalaron, la firma habría informado ventas por 120.000 toneladas y tendría previsto incorporar una nueva máquina para producir gomitas. Estos datos, de acuerdo con sus testimonios, contrastan con los despidos, los incumplimientos salariales y la paralización de las actividades.

